El efecto Eurocopa, los misiles kasam y el cese el fuego.

Cuando hoy en Viena comience a rodar la pelota para clasificar al último semifinalista de la Eurocopa, los protagonistas de la jornada y el público en general seguramente no se pondrán a analizar el efecto imantador que tiene el fútbol en la vida cotidiana de miles de millones de personas alrededor del globo, tanto sobre sus amantes como sobre sus detractores.

Los israelíes de la zona circundante a la Franja de Gaza castigada por los misiles palestinos pudimos comprobar en estas últimas semanas previas a la declaración oficial del cese el fuego temporal entre Israel y Hamás, que el balompié se transformó en una especie de catalizador y hasta de motivo de unión entre las dos partes confrontadas.

Todo se inició cuando días antes del comienzo de la Eurocopa 2008, que se disputa en Austria y Suiza, las compañías de TV por cable que sirven a Sderot y a las poblaciones circundantes a la Franja de Gaza declararon que dejarían abierta la señal que transmite el importante torneo continental, el cual en situación normal requiere un pago extra para poder captarlo.

Del otro lado de la frontera, también los palestinos celebraron ya que el canal de la propaganda oficial de Hamás recibió el permiso de un canal libanés que tiene los derechos para el país de los cedros, para hacer retransmisiones gratuitas hacia la franja costera palestina y de esa forma habilitar la emisión del catalogado por muchos como “Mundial de Fútbol sin Argentina ni Brasil”.

A partir del partido inaugural del torneo y hasta que fue declarado el cese del fuego dos semanas más tarde, se produjo el milagro: desde el momento que empezaba el primer partido a eso de las 19:00 hs. (local) hasta que terminaba el 2do; cercano a la medianoche, existía como un acuerdo tácito entre ambas partes para que no haya intercambio de fuego, de bombas de mortero ni de misiles.

Los primeros días pensamos aquí que era casualidad, pero al comprobar que el fenómeno continuaba llegamos a la conclusión que los hombres involucrados en la beligerancia de uno y del otro lado seguramente estarían enfrascados, al igual que el resto de la población, en alentar a sus selecciones preferidas y a sus ídolos favoritos de las ligas del viejo continente.

Hoy, cuando ya nos parece mentira a los pobladores del Neguev occidental no escuchar por las noches explosiones o alarmas alertando la inminente caída de un proyectil, podemos decir que también el fútbol hizo lo suyo. Con su simpleza, este juego nos demostró las cosas en común que tenemos ambos pueblos, tan enemistados, que tendremos que seguir siendo vecinos queramos o no.

Desde el Desierto del Neguev para Deportes.co.il
Rubén Friedmann

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