Mucha gente del movimiento Betar luchó por su ideología. Algunos de ellos a riesgo de su propia vida. Muchos fueron encarcelados aquí y en otros países bajo el régimen británico. Esos miembros de Betar – aun sin concordar con sus ideas – son merecedores del debido respeto.
Por el contrario, los “Betaristas” actuales, modelo 2007, adoptaron del himno de Betar sólo la sangre y la raza – léase racismo. Ellos transpiran al descargar tanta euforia histérica, al gritar y al realizar movimientos indecentes con las manos.
Parecería ser que ese populacho está seguro de que Rabin asesinó judíos, que repartió armas a terroristas para que asesinaran judíos y que entregó tierras a los árabes porque los adoraba mucho más que a los judíos. Por todos estos motivos, los “Betaristas” le silban despectivamente, lo llenan de improperios a él, a su madre y a su esposa, al tiempo que entonan cánticos de aleluya a Igal Amir, su asesino.
Pienso que a la Federación Israelí de Fútbol y a su Tribunal de Justicia no les cabe ningún derecho ni atribución de juzgar a los hinchas del Betar ni a su Club. Quienes deberían estar en el banquillo de los acusados son el sistema educativo de Israel y el sistema político, que provocaron que esa gente creyera lo que en realidad creen. A quienes debería culparse es a esa pandilla de rabinos y derivados, que propagan una historia nueva y tergiversada, que se ocupan de incitar, rebelar y provocar a los miles de entusiastas, cuya información, entendimiento, capacidad de expresión y fe están tan corrompidos hasta hacer peligrar nuestra propia existencia como Estado y como pueblo.
Después del suceso vergonzoso en Haifa, una ferviente entusiasta de Betar Jerusalén, Abigail Shárabi, expresó, al igual que muchos otros, su decepción por el comportamiento de los hinchas que silbaron, insultaron y desprestigiaron. Esta señora es una ardiente entusiasta; no es una personalidad pública conocida y protegida con guardias como Olmert, Netanyahu, Meridor y Rivlin, quienes repudiaron duramente a los entusiastas – instigadores. Los “Betaristas” llegaron a su casa encapuchados, amenazaron, blasfemaron, atemorizaron y demostraron su fuerza y virilidad. ¡Bravo hombres!
Betar Jerusalén no debe ser castigada, debe ser premiada. Betar Jerusalén, nos espetó en la cara nuestra verdadera imagen en las canchas, comenzando por los dueños de clubes y siguiendo por el resto de los hinchas, sean éstos rojos, amarillos, azules o verdes, todos ellos tristes bufonadas del desacato a las leyes, desprecio a la inteligencia y menosprecio por todo lo relacionado con el concepto deporte.
Agreguen a lo anterior, jueces pervertidos, involucrados en resultados anticipados, quinieleros que compran jugadores, jugadores que venden partidos, adeptos que apuñalan, amenazan o incendian. Presten atención a algunas de las expresiones de los directivos de varios equipos, escuchen las hipocresías e idioteces de estos personajes “educadores”.
Reflexionen un momento, cierren por un año todas las canchas de fútbol y comiencen todo de nuevo. Con un sistema duro de acatamiento de leyes, que no permitirá a los hooligans – sean del color que fuere el equipo, o su religión, o su nacionalidad – convertir a los estadios en el lugar más deprimente y vergonzoso de Israel.
Y aquellos que fueron filmados y documentados; que nos demostraron – también a sí mismos – que son lo más bajo y lo más despreciable de la sociedad, deben ser detenidos, recibir tres comidas diarias y media hora de paseo por el patio de la cárcel.
Natan Zehavi
Traducción: Lea Dassa para Argentina.co.il
Fuente: Maariv 09.11.2007
Noviembre 14, 2007 a las 6:17 am
El autor de este texto debería pedir disculpas por mezclar al club de fútbol Beitar Yerushalaim, con el Movimiento Juvenil, es una falta de respeto para el movimiento, puesto que nada tienen que ver uno con el otro.
Hacer una introducción sobre el Movimiento Betar y posteriormente relacionarlo con los miembros actuales de dicho movimiento, es desubicado a la hora de hablar sobre lo que hicieron los hinchas del Beitar Yerushalaim que por supuesto yo también condeno. Así como los petardos y demás muestras de violencia que se sucedieron en los últimos partidos de basquet.
La dirección mundial de Betar no tiene ninguna injerencia sobre el equipo de fútbol, así como tampoco en los ideales de Jabotinsky estaba crear un club de fútbol.
Horacio