Tres derrotas, cero puntos, cero goles a favor y seis goles en contra. Este es el pobre balance de la selección sub-21 de Israel en la Eurocopa que se está disputando en Holanda y clasifica a los cuatro primeros a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
Si el primer partido contra los dueños de casa, la derrota por la mínima diferencia, se podía explicar por los nervios del debut, la influencia de la hinchada naranja y el planteo super conservador del DT Guy Levy; las otras dos derrotas: 0-1 contra Bélgica (que estuvo con un hombre menos desde los 15 minutos del primer tiempo) y la humillante goleada 0-4 en la despedida contra Portugal nos dan una muestra de lo lejos que está todavía el fútbol israelí de la elite europea.
Nuevamente ha quedado demostrado que el jugador local no rinde lo esperado cuando llega el momento de la verdad. Las expectativas creadas sobre este grupo nos ilusionaron con que había llegado el momento del cambio. La victoria en las eliminatorias contra Francia, un grande en estas competiciones, hicieron pensar que estabamos ante un plantel de elegidos que haría retornar a Israel a la gloria de fines de los 60’s y principios de los 70’s (con la participaron exitosa en dos olimpiadas llegando a Cuartos de Final, e incluso la clasificación a México 1970, el único Mundial donde Israel participó).
Pero como muchas veces pasa, las declaraciones y expectativas previas no concuerdan con los hechos y los golpes recibidos nos hacen bajar a la gris realidad del fútbol israelí que se refleja esta temporada en una liga sin atractivos.
Analizando los 3 partidos jugados, la sensación de que por lo menos a Bélgica se le pudo haber empatado y hasta ganado deja un gusto más amargo aún. Porque Bélgica se ganó el lugar a Beijing y contra Israel no demostró superioridad, cediéndole la iniciativa a la selección hebrea, y aprovechó prácticamente la única oportunidad que tuvo con un error garrafal del zaguero Dekel Keinan a sólo 8 minutos del final. Pero como siempre pasa: goles errados son goles en contra. Y la falta de aprovechamiento de oportunidades de los delanteros israelíes (Ben Sahar, Barak Itzjaki y Omar Peretz) fue el talón de Aquiles azul y blanco, especialmente en ese cotejo.
Contra Portugal las diferencias técnicas y el estado físico fueron abismales y los lusitanos en sólo 13 minutos (desde el minuto 37 al minuto 50) metieron 4 goles, 2 golazos y otros dos contando con la complicidad directa de los zagueros y del hasta ese momento el mejor jugador de la selección israelí: el portero Tom Almadon. Portugal, con dos superestrellas como Nanni y Fernandez, se floreó y no aumentó diferencias por buscar convertir goles más espectaculares. Lo que vino después fue hasta humillante con jugadores que no supieron llevar la goleada en contra, cometiendo fouls innecesarios y que fueron perdonados de recibir tarjetas rojas por un permisivo árbitro húngaro.
Pero el partido lo resumió muy fehacientemente el nuevo Presidente de la Asociación del Fútbol Israel Avi Luzon, quien declaró que “cualquier jugador portugués en su puesto fue superior a su colega israelí y mientras el jugador lusitano sería estrella en la selección azul y blanca, difícilmente su colega israelí tendría lugar en el plantel portugués”. Esa es la cruda realidad.
Un párrafo aparte merece el DT israelí Guy Levy. Desde el comienzo de su trabajo con la selección en las eliminatorias de la Eurocopa juvenil, tuvo encontronazos con el DT de la selección mayor Dror Kashtan. Prácticamente, no hubo un trabajo en equipo de las dos selecciones. Al haber jugadores que juegan en ambos equipos se crearon situaciones tensas que no ayudaron a ninguno y los perjudicados fueron los dos. Guy Levy se quejaba de que le quitaban a sus mejores jugadores y Dror Kashtan, con razón, respondía que la prioridad la tiene la selección mayor (la selección nacional).
La situación de tirantez llegó incluso a limites del absurdo: un jugador como Toto Tamuz tiene lugar como titular en la selección mayor y convierte goles, pero en la selección sub-21 apenas jugó unos minutos como suplente en un sólo partido, sin chances de mostrar lo que vale, justamente en una selección que termina tres partidos sin convertir un tanto. Más claro echale agua.
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Rubén Friedmann